Estoy aquí, donde siempre, donde cada día,
pero es como si todo fuese distinto.
Vislumbro espacios y pienso en lo que fue,
recuerdo los momentos vividos, las fotografías hechas,
los actos perdidos.
Y sí, por momentos vuelvo a sentirme en casa, segura,
pero pronto desaparece.
Me invade esa sensación de desconcierto, de no saber,
me lleno con la impresión de no entender ni quién soy.
Porque no me encuentro,
porque hace tiempo que me he perdido.
La soledad puede encontrarte en el lugar más concurrido,
y yo, ahora, estoy rodeada de bullicio, pero completamente
sola.
Quiero ser lo que era, trato de hallar el camino de vuelta,
pero me quedo atrapada en mi propio laberinto.
Observo sin cesar esas caras,
intentando desesperadamente recordar por qué me acompañaban.
Pero me pierdo, continuamente me pierdo.
Y sé que encontrarme será difícil,
porque el sentimiento de estar perdido, no se va solo con
seguir el camino de vuelta a casa.
Porque en este momento, dentro de mí, no encuentro el hogar.
Porque en alguna parte, por momentos, reconozco que no
quiero encontrarme.
Porque es más fácil dejarse perder que aceptar por qué estás
perdido.
