jueves, 26 de noviembre de 2015

Relaciones tóxicas

Controlar, manejar, dominar, ordenar... tantas cosas que se te dan bien.
Vienes y haces conmigo lo que quieres,
te vas, y tonta de mí, te sigo extrañando.
A veces siento que no sé qué hacer si tú no me lo dices,
que no sé qué decir si las palabras no salen de tu boca.
Actúo movida por la energía magnética de tu cuerpo,
por el innegable deseo de aprobación.
Soy prisionera en mi propio cuerpo,
porque si no son tus manos las que mueven mis hilos, yo solo me quedo esperando.
No tengo necesidad de ti, tengo dependencia,
cruel y absurda dependencia.


Pero las cosas terminan,
y tú estás a punto de terminar aquí.
No quiero tu control,
dejo de aceptar ser una marioneta entre tus dedos.
Ahora deseo salir,
escapar de ti, más allá de lo posible.
Arranco mis cuerdas,
y corro.
Porque estoy recordando lo que es ser yo sin ti,
porque estoy empezando a entender que no te necesito.
Porque me cansé, de ti, de nosotros, de mí.
Sobre todo de mí, de lo que soy cuando estás tú,
de lo que te permito hacer, y de lo que consiento.
Y así, un día, hoy, al despertar,
comienzo a sentirme libre.
Y así, sin darle más vueltas, sin agachar la cabeza,
salgo de esta ridícula relación tóxica...
Salgo de ti. 


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