Controlar, manejar,
dominar, ordenar... tantas cosas que se te dan bien.
Vienes y haces
conmigo lo que quieres,
te vas, y tonta de
mí, te sigo extrañando.
A veces siento que
no sé qué hacer si tú no me lo dices,
que no sé qué decir
si las palabras no salen de tu boca.
Actúo movida por la
energía magnética de tu cuerpo,
por el innegable
deseo de aprobación.
Soy prisionera en mi
propio cuerpo,
porque si no son tus
manos las que mueven mis hilos, yo solo me quedo esperando.
No tengo necesidad
de ti, tengo dependencia,
cruel y absurda
dependencia.
Pero las cosas
terminan,
y tú estás a punto
de terminar aquí.
No quiero tu
control,
dejo de aceptar ser
una marioneta entre tus dedos.
Ahora deseo salir,
escapar de ti, más
allá de lo posible.
Arranco mis cuerdas,
y corro.
Porque estoy
recordando lo que es ser yo sin ti,
porque estoy
empezando a entender que no te necesito.
Porque me cansé, de
ti, de nosotros, de mí.
Sobre todo de mí,
de lo que soy cuando estás tú,
de lo que te permito
hacer, y de lo que consiento.
Y así, un día,
hoy, al despertar,
comienzo a sentirme
libre.
Y así, sin darle
más vueltas, sin agachar la cabeza,
salgo de esta
ridícula relación tóxica...
Salgo de ti.

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