Gritar, gritar tan fuerte que te
que duela la garganta a rabiar,
gritar tan fuerte que te quedes
sin voz.
Gritar, para que por fin te
escuchen,
gritar, para dejar de sentirte
invisible.
Gritar, para dejarle sordo,
gritar, para que empiece a
entender las cosas.
Gritar, gritar, gritar, gritar,
gritar...
Y cuando no te queden más gritos,
llorar.
Y cuando no te queden más
lágrimas... ¿qué hay después de eso?
Soledad.

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