Querer, en sí, es fácil.
Saber querer de la forma correcta… eso ya es más difícil.
Querer libremente, querer sin presiones, sin posesiones, sin
esperas.
Querer sin otro motivo más que querer.
Querer abiertamente, sin miedos, sin descansos, sin huidas.
Querer solo por necesidad de querer.
Querer con todo lo que somos, con esperanza, con fe.
Querer sin saber realmente por qué.
Querer apasionadamente, locamente, sin límites.
Querer sin importar a quién.
Quizás querer no sea tan fácil… pero sin duda, todos
queremos querer.
Porque querer, es el mejor aprendizaje del mundo.

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